lunes, 24 de agosto de 2009

Hace un par de semanas atrás, estando en la universidad en clase de Periodismo Digital, el profesor nos planteó una propuesta: “Incluyan alguna herramienta nueva a su blog, aparte del texto; hagan una foto crónica, por ejemplo.” Fuimos muchos los que quedamos sin aliento al primer instante, y es que es la reacción típica que nos fluye cuando nos enfrentamos a algo desconocido, sin embargo la idea me llamó mucho la atención porque acababa de llegar de mi primera experiencia en el Parque Nacional Tayrona, y las sensaciones e imágenes que tenía en mi mente, de haber sido posible, se me hubieran salido por los poros!

Fue el viernes 7 de Agosto, el día que se celebra en Colombia la Batalla de Boyacá, cuando empezó esta travesía. Mi prima y yo nos despertamos a las 5 de la mañana, y fue más o menos a las 6:30am cuando estuvimos los seis que nos apuntamos para emprender este camino. Mientras llegaba el transporte a buscarnos, yo seguía mirando las fotos que Maddy, mi amiga, había tomado meses atrás cuando fue a acampar a Tayrona, y la ansiedad por conocer todos los lugares, piedras y animales que ella había fotografiado, me consumía.

A las siete y media de la mañana llegó el transporte con el otro grupo, y en la cara de todos se veían las ganas por llegar al paradisiaco lugar. Empezaron preguntas como: “Quién va por primera vez?” … y a partir de esta, comentarios como: “ojalá esta fuera mi primera vez, para vivir cada sensación de nuevo”, por parte de los que ya habían visitado antes. Recién embarcados en la van, algunos hablaban y se reían de todo, los que no, escuchaban atentos y también se reían de cada comentario, así que el paseo empezó con pie derecho, había buen ambiente entre los dos grupos. Luego de un trayecto considerable, las risas, y la bulla se silenciaron con un sueño profundo, y ronquidos menores en ciertos casos.

Cuando llegamos a Santa Marta, a algunos les faltaba comprar comida y ciertas cosas, entonces decidimos parar en el Buena Vista, un centro comercial samario. Esa pausa fue prolongada, y para nuestro mini grupo innecesaria, puesto que nosotros habíamos hecho las compras con antelación, sin embargo como parte de un grupo más grande, no nos opusimos en ningún momento.

El clima se sentía húmedo, habían muchas nubes, y de hecho estas se veían cargadas, por esta razón no pudimos evitar pensar que tendríamos una primera noche bajo la lluvia, lo cual no era muy alentador, sin embargo nada podría “aguarnos” la fiesta.

Al llegar a la entrada del parque, había una fila de carros hasta la carretera, pero el sol se veía brillante, así que sin pensarlo dos veces nos bajamos de la van a esperar que se despejara un poco la cola. Encontramos una sombrita que parecía oxigenada por la selva que tenía a un lado, se respiraba diferente, y se sentía fresco el ambiente.

Poco a poco la fila fue desapareciendo y nuestro turno llegó. Fue emocionante recibir mi manilla, paso a paso que cumplíamos me sentía más cerca de la belleza de lugar del que tanto había escuchado hablar.

(Parte I)


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