lunes, 3 de agosto de 2009

A los 20 años cualquiera sabe de dónde es, y en la mayoría de los casos, cuál es el origen de su familia, cierto?
En todo caso, si esto hace parte de la generalidad, entonces no me considero del común.
Nací en Barranquilla, Atlántico, y viví allí mis cinco primeros años.
Tengo varios recuerdos de esos años, unos más claros que otros, pero están en mi memoria desde entonces. Me acuerdo de mi salón de clases en mi primer jardín infantil, eran amarillas las paredes, y en ellas estaban pegados nuestros trabajos, algunos con lana, otros con escarcha, también con fríjoles. Si algo me quedó de mi experiencia en el jardín, es que todo sirve para decorar, es cuestión de imaginación.
También recuerdo los dos primeros edificios en los que viví. En el primero, vivíamos en el segundo piso. Era un apto de tres alcobas, el de mis papás, el de Chia mi hermana mayor, que tenía un cubre lecho de un color rosado de quinceañera, y el otro cuarto que era el que compartía con mi otra hermana, Marijose, las dos menores de la casa.
Hasta donde recuerdo nuestras camas siempre tenían bolsas negras de basura debajo de las sábanas, mi mamá las utilizaba como impermeables. De ese edifico recuerdo a Nelly, una vecina, tenía tres hijos, los tres eran mayores que yo, Silva, Pipe y David, creo que por eso no me dejaban jugar mucho con ellos, a diferencia de mis hermanas mayores, con las que molestaban todo el día. Yo me quedaba en la casa, y mi lugar favorito para jugar era la ducha, podía durar horas con mis juguetes en el agua.
Del segundo Edificio, me acuerdo de mi primera piscina de plástico en el jardín, y de escuchar mucho al grupo “Boys to men”, porque a mi hermana mayor le encantaban. La navidad fue muy importante para mí porque ya había cumplido cuatro años, entonces disfrutaba más de toda esa fantasía. No viví mucho tiempo allí, pero alcancé a conocer a Joel y a Melissa, dos vecinos con los que jugaba a los polly pockets o a los power ranger, no importaba lo que fuera, con tal de pasar jugando juntos. A esa edad no supe lo que era jugar al escondido, ni un “rin rin corre corre”… Hasta que llegué a Cartagena!
Cartagena no es la ciudad en la que nací, pero es en la ciudad que crecí. En esta ciudad aprendí a leer, a jugar futbol, a patinar, teníamos una mansión embrujada en la esquina, y cuentos de miedo en el edificio, y es que éramos 22 niños de todas las edades en el edificio, muchas historias nos inventaban. Me gustó por primera vez un niño, y tuve mi primer admirador secreto en el mismo edificio, y no eran el mismo!! En Cartagena vi mi primer amanecer, aprendí a llorar con sentimiento, y a amar entregando mi corazón.
Yo sé que nací en Barranquilla, pero Cartagena está en mí ser.

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